Primeras comuniones

«Nuestro Salvador, en la Última Cena, instituyó el sacrificio eucarístico de su Cuerpo y Sangre, con el cual (…) iba a confiar a su Iglesia el MEMORIAL DE SU MUERTE Y RESURRECCIÓN» (SC, 47).

La Eucaristía ha sido siempre el centro de la vida de la Iglesia. Y sigue siendo la «fuente y cima de toda la vida cristiana» (LG.11). Todos los Sacramentos nacen de la fe, pero, sólo en el caso de la Eucaristía se nos dice, por parte del que preside la celebración: «Este es el Sacramento de nuestra fe». Y es que en la Eucaristía convergen, de un modo u otro, todas las verdades que tiene que creer un cristiano y todo lo que tiene que vivir.

Cuando Jesús dice a sus discípulos: «Haced esto en memoria mía» (Lc 22,19) no les está invitando simplemente a repetir un gesto ritual con el pan y el vino. Les está invitando, nos está invitando a vivir en nuestra propia vida todo el significado de su vida de autodonación hasta la autoentrega suprema de su muerte.

Y es este estilo de vida, condensado en un gesto, lo que Jesús quiere que reviva en sus seguidores. Hacer su memoria en el rito implica el hacerlo presente a través de la propia existencia.

Por todo esto, es muy importante cuidar que los infantes o adultos que se acercan por primera vez a este sacramento lo hagan con una preparación teórica y espiritual suficiente. Para ello tenemos varios grupos de catequesis. Sí queréis que vuestros hijos hagan la comunión en nuestra parroquia: apuntaos en el despacho parroquial.